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Queridos míos:

 Cuando les hablamos de llenar de luz o poner en la luz una situación, significa es entregar esa situación en particular a Dios.   Esto es sinónimo de rendirse,  no desde la perspectiva de dejar de luchar,  si no entendiendo que hay una fuerza que es  mucho más poderosa y que puede lograr lo que ustedes desde su humanidad no pueden hacer.  

imagenes-de-las-manos-de-dios-1-150x150 Rendirse,  entonces,  es entregar a Dios los problemas,   pedirle al Padre su amorosa guía y su presencia para solucionarlos de la mejor manera,  siempre en la consciencia de que Su perspectiva es infinitamente más amplia que la visión humana.      

 

 Cuando se hace este acto de entrega,  cuando se pone un problema en las manos de Dios,  es decir en la Luz,  todo puede suceder:   desde un cambio pequeño,  hasta una completa transformación en la vida de la persona.   

 Es por eso que hoy les decimos,  si piden ayuda a Dios para solucionar un problema,  si ponen una situación particular en sus manos no esperen soluciones tibias o a medias.    No esperen que Dios simplemente “aplaque las aguas”, ni que les ayude a callar aquello que es necesario decir.    Si pides la ayuda de Dios,  no importa el tamaño del problema, Dios le dará una solución. 

 

 Si pones tu vida,  o un aspecto de tu vida en sus manos,  te pedimos que confíes,  a veces Dios arrancará de tajo lo que no sirve en tu vida,  otras veces demolerá lo viejo para construir lo nuevo,  se llevará lo que ya no corresponde y/o te alejará de aquellas circunstancias que bloquean tu crecimiento.   

 A  veces,  en sus procesos de apego y su dificultad para enfrentarse y/o aceptar los cambios les cuesta trabajo aceptar el proceso que conlleva la transformación.    

 Cuando tras haber puesto una situación en manos de Dios,   tras haber orado o meditado para encontrar una solución, te encuentres con un momento de caos,  no dudes,   es Dios llevándose aquello que estorba para la construcción de todo lo nuevo y positivo que llegará a tu vida.

 ¡Confía!  Todo es parte de un proceso,   en el cual Dios te tiene reservado algo mejor.  

 Te amamos y te acompañamos siempre,

 Arcángel Jeremiel.